el diario de Luis

Mis memorias añoranzas y vicisitudes en lo largo de mi vida

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Nombre: Luis

domingo, diciembre 10, 2006

Continúo mi relato

Os he contado parte de mi vida, pero he dejado atrás lo que fue mi infancia, hijo de una familia humilde y trabajadora con cuatro hijos, dos varones y dos féminas.
Yo era el mayor de los cuatro, detrás de mí, me seguían, Fernando, Rosario a la que llamamos “Charo” y Victoria respectivamente.

A la edad de los cinco años, asistí a un colegio de párvulos de paga y a los seis años empecé en el colegio municipal en el que mi padre le pagaba al profesor para que después de jornada de diario, me diera una hora más de clase, yo no era de los mas torpes ni de los mas inteligentes pero eso si, me gustaba asistir a clase y lo que más me gustaba era las matemáticas la geografía y el dibujo.

Ahora que se acerca la Navidad y los Reyes Magos, me viene a la memoria los regalos que nos hacían, a los chicos una pelota de goma y a las chicas un muñeco de cartón o de trapo unos caramelos y si no te habías portado bien durante el año, unos trozos de carbón.

Todavía recuerdo el primer balón que me regaló mi padrino cuando tenía ocho años, el era guarnicionero y tenía el taller en la Ronda de Atocha de Madrid, y fue el balón del equipo que formamos en el barrio.

Hasta los nueve años la vida fue maravillosa dentro de de las estrecheces, lo malo fue después en plena guerra civil en los años 1936 – 1939, estando viviendo en el pueblo La Alberca, provincia de Murcia, que empezaron a escasear los alimentos y nos íbamos andando los tres kilómetros que separaban el pueblo de la Capital, a las tres de la madrugada para coger la vez en la cola que se formaba para entrar al Mercado de Abastos y comprar la carne de caballerías, porque no había de otra, y la mayoría de las veces se acababa antes de llegar al puesto y si llegabas no te daban la que querías, te daban medio kilo por persona o máximo un kilo según la mercancía que tubieran.

Al entrar al Mercado, nos dirigíamos cada uno de la familia a un puesto diferente para en caso que se acabara en uno en algún otro habría mejor suerte.

Al principio comentábamos, la carne de burro se puede comer pero lo que es la casquería, que veías las cabezas de los animales colgadas, los hígados, asaduras e incluso las tripas. Pero la carne se acabó, se la llevaban para los Hospitales y nos tuvimos que enganchar a la carne de casquería, y por ultimo a las tripas que las freía mi madre y parecían cortezas de tocino.

3 Comments:

Blogger rasputon said...

Luis, soy Juan. He leido tu diario en su totalidad y la verdad es que he quedado impresionado. Todos tenemos una vida que contar, pero todas las vidas no son iguales. Yo nací en el 41 y me tocó pasar las penurias de la posguerra, pero lo tuyo es diferente. A las privaciones de todo tipo habia que añadir la incertidumbre de la más que segura represión y el peligro real en la integridad fisica, que suponia el vivir una guerra. Lo tuyo dá para un blog para un libro y una pelicula.
Lo importante seria que los que tienen capacidad de decidir, aprendieran de la historia pasada para que no se vuelva a repetir.

22 de noviembre de 2007 17:33  
Blogger Luis said...

Hola Rasputon:
Gracias por tu comentario.
Dices que has nacido en el 41 y has pasado las penurias de la posguerra, cuando tu te empezaste a darte cuentapasaron unos cuantos años, las penurias las pasaron tus padres y supongo se las habras oido contar.
Yo seguiré escribiendo parte de mi vida con alguna que otra anecdota, y espero que si me sigues lellendo no te aburras.
Un abrazo: Luis

26 de noviembre de 2007 14:25  
Blogger Luis said...

Hola Rasputon:
Gracias por tu comentario.
Dices que has nacido en el 41 y has pasado las penurias de la posguerra, cuando tu te empezaste a darte cuenta pasaron unos cuantos años, las penurias las pasaron tus padres y supongo se las habrás oído contar.
Yo seguiré escribiendo parte de mi vida con alguna que otra anécdota, y espero que si me sigues leyenda no te aburras.
Un abrazo: Luis

26 de noviembre de 2007 14:30  

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