La vida sigue
La vida continúa su curso, a pesar de haber ingresado mi padre en prisión, nosotros seguimos adelante. Antes del ingreso de mi padre en prisión, el había construido unas madrigueras y comprado siete conejas y un macho, los que empezaron a procrear y en poco tiempo, teniendo en cuenta, que la media de conejos de cada parto es de siete a ocho conejos al mes, multiplicado por siete, al poco tiempo había mas de cien conejos a los que mi hermano dos años menor que yo y yo mismo teníamos que abastecer de comida yendo al campo a coger hierba para su manutención.
Eso hizo que pudiéramos seguir adelante, mi madre vendía los conejos, e incluso pequeños cuando ya empezaban a comer, para poder comprar otras cosas necesarias.A los pocos días de ingresar en prisión, le dieron un destino en el departamento donde se recogían los paquetes que llevaban para los presos. El departamento de paquetería, daba a la calle de la Farmacia donde había una ventanilla donde se entregaban los paquetes y todas las semanas, íbamos con mi madre a llevarle el suyo de ropa limpia y algo de comida y al mismo tiempo le podíamos ver unos minutos a trabes de esa ventanilla. Durante ese tiempo mi hermano y yo, nos íbamos con una lata de las de conserva de cinco kilos con un alambre de asa, a la puerta del cuartel de Parques y Talleres de Automovilismo sito hoy en la Avenida de Carabanchel, entonces Carretera de Leganés, donde salían los soldados con la poca comida que les sobraba en los platos y nos la echaban en las latas, comida que llevábamos a casa para la comida y cena de la familia.
Eso hizo que pudiéramos seguir adelante, mi madre vendía los conejos, e incluso pequeños cuando ya empezaban a comer, para poder comprar otras cosas necesarias.A los pocos días de ingresar en prisión, le dieron un destino en el departamento donde se recogían los paquetes que llevaban para los presos. El departamento de paquetería, daba a la calle de la Farmacia donde había una ventanilla donde se entregaban los paquetes y todas las semanas, íbamos con mi madre a llevarle el suyo de ropa limpia y algo de comida y al mismo tiempo le podíamos ver unos minutos a trabes de esa ventanilla. Durante ese tiempo mi hermano y yo, nos íbamos con una lata de las de conserva de cinco kilos con un alambre de asa, a la puerta del cuartel de Parques y Talleres de Automovilismo sito hoy en la Avenida de Carabanchel, entonces Carretera de Leganés, donde salían los soldados con la poca comida que les sobraba en los platos y nos la echaban en las latas, comida que llevábamos a casa para la comida y cena de la familia.


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