el diario de Luis

Mis memorias añoranzas y vicisitudes en lo largo de mi vida

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domingo, julio 16, 2006

De nuevo en casa

Una vez que reunimos las puertas y ventanas necesarias, tapamos todos los huecos y nos mudamos a vivir a nuestra casa.

Mi padre seguía sin trabajo, y nos manteníamos con la comida que nos daban de Auxilio Social. Todos los días tenia que ir a Madrid con una mochila y una olla grande de porcelana, en la que mi madre había atado una cuerda de asa a asa para recoger las seis raciones de comida con las cartillas que nos dieron, mas dos mas de mis abuelos que ellos no lo necesitaban, puesto que mi tía la hermana de mi padre vivía con ellos y ella se puso a trabajar de cocinera en la taberna y casa de comidas, Casa Ciriaco, en la calle Mayor 84 que era de otra hermana.
http://www.amerc.es/casaciriaco/index.asp?idasociado=92do=92
En aquellos tiempos, no había ningún medio publico de transporte y yo con mis doce años, me las apañaba parando los camiones Militares del 2º Batallón de Automovilismo que estaba situado en lo que anteriormente había sido la cochera de tranvías en la carretera de Leganés, y si no me cogía ninguno, me agarraba a la trasera y así viajaba todo los días de la semana.

Al regreso era mas fácil, bajaba hasta el Puente de Toledo y allí había un control de la Guardia Civil y volvía a coger los camiones, pero esos ya con permiso de los conductores.

Al poco tiempo, como mi padre había trabajado en los talleres de Aviación, le Juzgaron por lo Militar, echándole una condena de tres años de prisión menor, dejándolo en libertad provisional, por una denuncia que le puso el Alcalde, antiguo compañero de trabajo en los talleres de Aviación del Aeródromo de Cuatrovientos .

Pasados unos meses, mi padre empezó a trabajar en la Maestranza de Cuatrovientos y mejoro un poco la vida, ya entraba un jornal en casa aunque no muy alto pero al menos mi madre se pudo ir poniendo al corriente de las deudas contraídas, pero como dice el refrán, “no hay bien ni mal que cien años dure”, a nosotros nos duró bien poco.

No había pasado mucho tiempo, cuando un buen día se presento en casa una moto con sidecar y dos militares de aviación preguntando por mi padre dejando la misiva que al día siguiente tenia que presentarse en las oficinas de aviación de la calle Quintana.

La noticia fue, que tenia que preparar el petate y presentarse al día siguiente e ingresar en la cárcel en la calle Hortaleza 63, cárcel provisional instalada en la Iglesia de San Antón a la terminación de la guerra civil.
http://www.memoriaylibertad.org/lascarcelesfotos.htm
http://www.sbhac.net/Republica/TextosIm/Guzman/Guzman.htm
Continuará

sábado, julio 08, 2006

Al regreso de mi padre

Al regreso de mi padre cuando terminó el arresto que le impuso el Alcalde de Carabanchel Alto, mi padre, mi hermano y yo nos íbamos a las trincheras de evacuación construidas por las fuerzas Republicanas, con vigas de madera puertas y ventanas.
Esas trincheras, eran unas galerías bajo tierra en la que había que picar unos dos metros para sacar los adoquines y encintados de piedra que las cubría. Una vez sacadas las puertas, ventanas, y vigas de madera, las trasportábamos a hombros a Carabanchel Alto, a casa para cerrar los huecos y poder habitarla. La distancia desde casa de mi abuela, hasta las trincheras, sería unos cuatro Km. y desde las trincheras a la casa de Carabanchel, cinco aproximadamente, en total nueve Km. camino que tuvimos que recorrer diariamente hasta que reunimos el material que necesitábamos. En el mapa, la línea roja es el camino que hacíamos todos los días, en el circulo nº 1 es donde vivía mi abuela, en el circulo nº 2 es donde estaban las trincheras, "Barrio del Terol" y en el Nº 3 nuestra casa. No puedo decir los días que tardamos en sacar todo lo que reunimos, pero si puedo decir el riesgo que corrimos en esos días, El campo estaba se
mbrado de munición sin explotar, bahía granadas, obuses, y unas bombas italianas que eran como un bote de tomate y en más de una ocasión se corrió la voz que había muerto alguna persona de las que estaban haciendo lo mismo que nosotros, había que ir picando y sacando la tierra con sumo cuidado, ya que te encontrabas los obuses enterrados y teníamos que avisar a los soldados para que fueran a recogerlo.
Mientras nosotros estábamos trabajando, los soldados artificieros estaban recogiendo todo lo que no había explosionado, lo llevaban a un barranco y cuando ya tenían bastante munición recogida iban avisando a todas las personas que estábamos por allí, diciendo nos refugiáramos que en unos minutos iban a explosionar todo el material que habían recogido durante la jornada. Cuando daban el aviso que iban a explosionar, mi padre nos hacía tirarnos bocabajo en la zanja que habíamos abierto, pero una de las veces, como la zanja sería de más de un metro de profundidad, más la tierra, adoquines y encintados acumulados en las
orillas de la zanja, mi padre que estaba sacando a paladas la tierra que habíamos picado, el pensó que no corría peligro puesto que el estaba por debajo del ras de la tierra, pero en el momento de la explosión el se agacho para coger la palada de tierra y en un encintado de los que habíamos sacado dejó su marca la metralla, que si en ese momento está de pie la cabeza no se habría salvado.

http://www.ucm.es/info/hcontemp/madrid/madrid%201936.htm

sábado, julio 01, 2006

Alegria y desolación

Una vez llegado a Madrid del que habíamos salido tres años antes, sentimos una gran alegría de volver junto a la familia que habíamos dejado y la esperanza de volver a nuestra casa pero al mismo tiempo una gran tristeza al encontrar Madrid en ruinas con los edificios destruidos por los bombardeos de la aviación y de la artillería.
Al día siguiente de la llegada, fuimos andando, pues no había ningún medio de comunicación, con mi madre al pueblo de Carabanchel Alto que había sido tomado por las fuerzas rebeldes y es donde estaba la casa que mis padres habían levantado con mucho esfuerzo y de la que habían terminado de pagar todas las deudas el mismo año de la insurrección del General Francisco Franco y parte del Ejercito.



Ahí fue donde se nos cayó el alma a los pies. Como había comentado anteriormente, la casa había sido saqueada, derribado puertas, ventanas, los porches donde habíamos dejado los animales y parte de la valla del corral.
Para poder subsistir, tuvimos que apuntarnos en los Seguros Sociales, y teníamos que recoger con una cartilla que nos dieron, la ración de comida diaria para la familia, comida que la guisaban en grandes calderas, en un solar en la Calle de las Velas, teniendo que soportar las grandes colas que se formaba
n.
Tuvimos que estar viviendo en casa de mi abuela durante unos meses, hasta que mi padre viendo que nadie se hacía cargo de los obreros que allí se quedaron, decidió regresar a Madrid.
Nada más llegar, inmediatamente se presentó en el Ayuntamiento de Carabanchel Alto, y el Sr. Alcalde le arrestó una semana a cabar las fosas comunes en el cementerio del pueblo donde sepultaban los cadáveres de los presos que fusilaban todos los días en el campo, donde después construyeron los mismos presos lo que fue la cárcel modelo de Carabanchel.
El proximo día seguire contando mi veridica historia.
Cárcel de Carabanchel
De Wikipedia
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http://es.wikipedia.org/wiki/Cárcel_de_Carabanchel